El blog sigue una temporada más: imagen principal


La semana pasada renové el dominio del blog. Para los que no sepáis de estos temas, es la «dirección» de la web; el hecho de que cuando escribas "www.enbratislava.com" vayas a parar aquí y no a otra página llena de palabras sin sentido y con una ausencia flagrante de vocales.

Es un servicio que se paga anualmente si quieres seguir siendo el propietario de la URL por lo que a la hora de renovar tienes que plantearte si le estás sacando provecho. Yo no lo estaba haciendo, así que lo decidí en el último momento (pese al spam de mi proveedor de hosting, que debía estar sufriendo un ataque de ansiedad automatizada ante mi falta de respuesta).

Han pasado casi tres meses desde la última publicación y este tiempo lo he amenizado con una serie de catastróficas desdichas empeñadas en mantenerme en cama con gripes y fiebres varias. Y con viajes en avión para visitas médicas una semana sí y otra también (aunque he aprovechado estos para hacer alguna que otra incursión a librerías de Barcelona... y al Starbucks). Todavía estoy coleccionando montañas de clínex sobre mi escritorio, pero ya tengo energías de nuevo para enfrentarme al teclado y a la tonelada de correos y actualizaciones de redes sociales que estaban pasando a un estado fósil.


Una de Navidades blancas y Lego: nieve

Ha llegado el invierno a Bratislava, que aquí son muy proactivos y no se esperan al 21 de diciembre.

Los que me seguís por Facebook, Instagram o Twitter habréis visto alguna de las fotos que subí de la nevada de esta semana. Un poco más abajo os dejaré un carrusel para que os hagáis una idea de cómo es el principio del invierno por aquí. Y, si a finales de invierno no escribo, podéis suponer que es debido a que estaremos sepultados bajo una tonelada de nieve (yo ya he hecho acopio de varias cajas de cápsulas Dolce Gusto —y un par de fuets—, por si acaso).

Un domingo en el zoo: imagen principal


El domingo pasado (el día 15, no ayer, ya que el ayer forma parte de la tanda de días con clima apocalíptico —niebla intensa y lluvias, sin exagerar— que estamos teniendo últimamente y no apetece mucho salir... a no ser que quieras estrenar paraguas) fuimos al Zoo de Bratislava.

En un principio habíamos pensado ir al Zoo de Viena, que tiene fama de espectacular y grande, además de ser el más antiguo del mundo —aunque reconozco que yo quería ir para ver a los dos pandas gemelos—. Pero como sabíamos que el de Bratislava era más pequeño, decidimos invertir el orden de las  visitas.

Una de ferias medievales, caballeros y pancakes: imagen principal


Hoy es mi cumpleaños, y para celebrar estos últimos ventitantos (me acojo a la enmienda —si es que eso existe en España (o Eslovaquia)— que defienda que no tienes por qué celebrarlos todos de golpe), os traigo fotos variadas de las dos ferias medievales que hemos visitado en estos meses.

Aquí —ojo, que me pongo lírica—, cuando el hielo se funde y despuntan los primeros rayos de sol, brotan como setas las ferias temáticas, los ciclistas y los zapatos horteras. Y alguna que otra moto, pero son casos muy puntuales.

Y como Xavi se ha comprado una bici, yo me voy a dedicar a los caballeros de brillante armadura. Lo de los zapatos con pompones se lo dejamos a los eslovacos.

El arte español: imagen principal


Para finales de la semana pasada teníamos un planazo estupendo: ir a uno de los numerosos lagos que se encuentran por la ciudad y alrededores a darnos un buen bañito (os enlazo aquí una foto reciente del lago que tenemos más cerca de casa; porque playa no tienen en Bratislava, pero con los lagos se espabilan bien).

Pero no contábamos con San Pedro (o San Kohynygnksnyyrks como se debe llamar por estos lares) que se había cansado de tanto bochorno y decidió darnos una buena ración de nubes y viento.

El arte español: tormenta
Más o menos con esto acaban los buenos planes
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